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LA REALIDAD DE LAS COLONIAS Y EL EFECTO VACÍO

Antes de tratar de abordar desde cualquier perspectiva el tema del control de las poblaciones silvestres de gatos, hay que tener algo muy claro: la presencia de colonias felinas no se puede eliminar de ninguna manera, no se ha podido hacer en ninguna parte del mundo. Partiendo de esta premisa hay que entender, que por la misma causa siempre, habrá personas que protesten en mayor o menor medida por su presencia. La existencia de gatos silvestres en la ciudad es algo que está ahí, no se puede evitar; hay que aprender a convivir con ellos porque forman parte del entorno y, deben tener derecho a seguir viviendo en libertad y a que su vida sea respetada. Por lo que la única opción posible es el control de esas colonias . Y en este caso el método CES, es efectivo, práctico, humanitario y que busca satisfacer o beneficiar a todos los implicados, desde el respeto y la convivencia con otro ser vivo.

 La alta territorialidad de los gatos silvestres, hace que su presencia actúe de barrera contra los intentos de colonizar el territorio por otros gatos, incluso cuando los recursos son suficientes para mantener a una población mayor de la existente. Las poblaciones se estabilizan cuando el número de individuos esterilizados alcanza el 70% y si se llega al 100% la colonia declinará lentamente. La salud de los gatos mejora y las molestias vecinales disminuyen.

 Los estudios científicos confirman una y otra vez que eliminando las poblaciones de gatos de un lugar, solo se consigue abrir ese territorio a nuevos individuos de territorios vecinos, (los territorios de las colonias se conectan entre sí, no son islas en la ciudad) o a los supervivientes y sus descendientes.

Roger Tabor se encargó de estudiar por primera vez este fenómeno en los gatos silvestres de la ciudad de Londres en la década de los años 80.

 Responde a un fenómeno natural conocido como efecto vacío, que es sobradamente conocido en todas las especies del planeta. Cuando una población es retirada de un lugar determinado,   vuelve a ser ocupada por las poblaciones vecinas, para aprovechar los recursos disponibles hasta volver a alcanzar el nivel de densidad que el territorio puede sostener.

Tratar de eliminar todos los gatos de una zona es un esfuerzo inútil, costoso, carente de sentido y poco recomendable por los riesgos que implica para la salud pública al facilitar la presencia de plagas altamente peligrosas para la salud humana.

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